
En un montañoso pueblo olvidado, en la provincia de Neuquén, en el que solo había 3 casas mas o menos cercanas (dos kilómetros aproximadamente), ocurrió algo fantástico.
Una historia que solo se transmite de boca en boca, o por una crónica, en forma de cuento, como esta, ya que nadie tomaría como verídico, este increíble relato si lo pasaran por televisión. De hecho, mas de uno, ha interrumpido a este servidor en plena verborragia con un “no me tomes por idiota.” Y dejando perplejo al joven relator, se ha ido enfadado. Pero bueno, digamos, que todo empezó cuando Tita, se levanto a eso de las 5:30 am, como de costumbre, a hacer los labores cotidianos que su rural casa requería. Cuando hubo terminado, era aun de noche. Tenia leche fresca en los bidones, y los mejores yuyos para hacer un buen mate cocido para Clara y Gero, de 8 y 10 años respectivamente. Despertó a los chicos que, despabilados preguntaron: -¿Qué hora es?- Y ella miro el reloj, y extrañada dijo: -no se, el reloj esta parado. Pero deben ser como las 8.
-las 8?- preguntaron los chicos –pero debería ser de día!- “si, es verdad” dijo tita. –en fin, la leche está servida. Hay pan de ayer, y un poco de manteca. Van a tener que hacer mas a la tarde, porque casi no queda. –esta bien- respondieron.
Luego del desayuno, el sol seguía sin salir. Tita, preocupada, decía que no era posible que el sol simplemente no saliera, ya que la tierra gira sobre su eje..o algo así le había contado su marido. Roberto había ido al colegio, pero tita no, y los chicos tampoco. Roberto había muerto a los 35 años, cuando Gero y Clara eran muy chicos, y todo lo que había quedado de él, era la guitarra que Gero tocaba, un viejo reloj de péndulo, y su sonrisa plasmada en una vieja foto colgada en el comedor.
Luego del almuerzo, Tita mando a los chicos a buscar a la vecina mas cercana, para preguntarle que pasaba, pero no consiguieron ninguna información relevante.
El sol no salía. Difícil de creer, pero la oscuridad no dejaba dudas posibles sobre su inminente presencia. Sin ideas y sin ganas de hacer demasiado, Gero se puso a tocar una zamba que hablaba de un amor no correspondido, clara mientras tanto, danzaba a su ritmo. Tita seguía sin lograr tranquilizarse, el sol no salía, y la oscuridad solo provocaba terror en Tita. De un momento a otro, la vecina apareció con el rostro crispado por el terror. Le habían robado todo lo que había en su casa. “gente desconocida” afirmo ella con desconfianza. “no eran de acá, ellos sabían que pasaba”, dijo con dejo de dramatismo en la voz. La vecina se quedo allí. Nadie salía, ya que todo estaba demasiado oscuro y tenebroso. Los víveres se agotaban. Esto hablando de un campo, suena extraño, pero mas extraño aun, fue descubrir que todas las vacas y las gallinas se habían muerto, y todos los vegetales, se habían podrido. Tita ya había descartado el miedo a lo tenebroso para pasar, al miedo de no tener nada para vender (huevos, carne) y así comprar agua, ya que no llegaba el agua corriente a ese misero pueblucho olvidado. Los bidones de agua (que no eran demasiados), se vaciaban de a poco. Así pasaron lo que Gero calculó como “3 o 4 noches normales” lo que vendría a ser, como 2 o 3 días aproximadamente. La cosa seguía igual, en un clima de desesperación que culmino al cuarto día, cuando se acabaron finalmente todos los víveres. Poco quedaba para alimentar a 4 personas, pero se acabo totalmente. Tita lloraba en silencio, con la cara entre las manos. Sentía que había llegado al límite. La carne se habia podrido, el agua se habia tomado y no sabia que hacer. Hasta que un grito de clara, la saco de su ensimismamiento. Un grito de júbilo que proclamaba “el sol. El sol salio de nuevo!” mientras salía corriendo fuera de la casa. El sol había vuelto al pequeño pueblo. Saltando de alegría, Tita, Clara, Gero y la vecina, salieron afuera, anonadados aun. Pero si eso se creia extraño, tendrian que haber visto la cara de tita, cuando comenzo a gritar en el centro de la ciudad mas cercana “el sol volvio, el sol salio!” y la gente le respondía “todos los dias sale el sol, vieja demente”. Si, nadie le creyo, el sol brillo en todo el mundo, menos en el pueblito patagonico y distante donde vivia esta pequeña familia, y dos familias mas. fueron burlados por la ciudad algunos años, luego la gente se olvido, como se olvida de todo lo importante de verdad. Pero nunca hubo nadie que crea su historia, nadie, excepto un niño de 10 años que, luego de haber escuchado la historia de la boca de una anciana decrepita llamada Clara, le dijo “yo le creo".
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